Alcalá mi ciudad

A Alcalá la empecé a querer cuando la recuperé. Era el año 2003, y acababa un periodo de mi vida en el que me tocó hacer muchos viajes a Madrid para trabajar. Aunque aprovechaba para leer en los desplazamientos, algo que realmente disfrutaba, estos se me hacían realmente pesados. La primera experiencia laboral no fue buena, y lo cierto es que empecé a coger un poquito de fobia a la ciudad que me vio nacer. En los siguientes trabajos la situación mejoró, pero echaba de menos mi vida universitaria, el poder ir andando a mi lugar de estudio y trabajo.

Pero aquello acabó y empezó mi empleo en la Universidad, en concreto en la Facultad de Económicas, en Biblioteca. Recuerdo el primer día, desde los despachos de dentro, sentarme en un ordenador que compartíamos, y descubrir a mi derecha la majestuosa torre del campanario de la Catedral Magistral de Alcalá, iluminada en la noche. Una sensación de felicidad me llegó al alma, y un sentido de respeto y gratitud a una ciudad cuya Historia enamora.  Me dije a mi mismo, que suerte tuve de que mis padres eligieran venirse a Alcalá de Henares a vivir, y no a una ciudad del extrarradio de Madrid, como habían barajeado.

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